lunes, 7 de julio de 2014
No me interesan los textos de superación, pero se sonreír igual (Extraído de "Cuentos sin sentido, cuentos no aptos para sabios, cultos, gente objetiva, dogmáticos etc")
Si pudiera cambiar mi nombre, por cada una de mis malas experiencias, ya me hubiera nombrado de todas las formas, habría llegado hasta el intento de llamarme silla, maceta o cuadro. Intento huir de mi, como si de una loca se tratara, como en aquellas ocasiones en que la gente simple dice con gran sabiduría..... O mejor dicho la gente sabia dice con gran simpleza que se alejan de todo aquello que les hace dano, que no vibra con su corazon, que los chupa como vampiros, con aquello con lo que no son felices. Gente Vampiro!! dios mio, Si dentro de mi seudo sabiduría intentara alejarme de todos aquellas gentes con mala vibra, ya me hubiera quedado sola!!! Pero si estoy sola, y no soy yo quien se a alejado. Me he equivocado, millones de veces he insistido que un clavo no es doloroso, que las astillas no se entierran, que los cuchillos no cortan, que el león es en realidad un conejo. El conejo era yo, y mi realidad estaba distorsionada. Hoy mi nombre no importa mucho, puedo ser una silla en una fiesta, un cuadro en una reunión, un conejo en una jungla, una maceta en el balcón de un cosmopolita, puedo ser todo excepto yo, pues me he olvidado de que nombre me pusieron, pues quien me lo puso dejo de repetirlo, dejo de recordarmelo, constantemente. Y pronunciado con tanta belleza, que yo era el cuadro mas hermoso, la maceta con la planta mas exótica la silla mejor labrada en un diseño antiguo, moderno y original, en la voz de aquella hembra el conejo vencía al león por que en realidad ese león era solo un ratón enfermo, en sus cuentos la voz me eleva soy la heroína, el antiheroe soy...... Pero la voz de dulce ciervo siempre estuvo amenazada, la voz de dulce ciervo murió a causa de varias escopetas en la estupida ciudad. Entonces quede innombrada, inexistente, sin ojos para ver, sin manos para dar. Solo quedo mi boca hambrienta, sedienta, ni siquiera un órgano ni si quiera una razón, solo una boca abierta que se ahoga, que grita, que vomita que balbucea que mienta madres que no sabe de poesía! Una boca, una silla, la innombrada la malquerida.
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